Caldas

HISTORIA DE MANIZALES:

En las 436 páginas del libro “Manizales, la Aldea, el Pueblo, la Ciudad”, el historiador, docente e investigador manizaleño y miembro de la Academia Colombiana de Historia, Albeiro Valencia Llano, nos lleva por un recorrido desde antes de la creación de Manizales, su desarrollo y evolución como ente administrativo, desde que fuera Aldea, pasando por el Pueblo hasta llegar a la Ciudad.

En ese orden de ideas y con el consentimiento de Valencia Llano, vamos a ir publicando en este espacio, para recuerdo de las antiguas generaciones e ilustración de las nuevas, una serie de hechos, situaciones, anécdotas y demás, de manera cronológica.

PARTE I: LA COLONIZACIÓN O LAS MIGRACIONES.

En el siglo XIX el país estaba dividido en cuatro regiones aisladas entre si: la región del Oriente compuesta por Cundinamarca, Boyacá y Santander; el Cauca que incluía el Chocó y llegaba hasta Marmato: Antioquia, que se extendía por el sur hasta el Río Chinchiná; y la región de la Costa Atlántica. Cada una de estas zonas se comportaba como un país sin relación con las otras regiones y separadas por el Río Magdalena y por las cordilleras.

Este aislamiento era grave pues los núcleos urbanos estaban muy separados entre si, las vías de comunicación se reducían a los espantosos caminos de herradura, los campesinos y artesanos no podían vender sus mercancías por los altos costos del transporte, y la navegación a vapor por el Río Magdalena se utilizaba para exportar e importar mercancías; por lo tanto, no había un mercado nacional. Pero este panorama era particularmente complicado en el Estado de Antioquia.

A finales del siglo XVIII se vivía una situación difícil en diferentes puntos de Antioquia por la concentración de la tierra, por la baja productividad agrícola, especialmente en las tierras altas, densamente pobladas y donde los recursos económicos se empleaban en el comercio; esto fue un obstáculo para el desarrollo económico y social de la región, y la población que no podía conseguir empleo debía dedicarse al “mazamorreo” o lavado de arenas en ríos y quebradas buscando el oro, para poder subsistir. Ante este panorama miles de personas emigraron, iniciando así el proceso de colonización en tierras del Estado o abandonadas.

En el desorden, la crisis y la miseria producidos por las guerras de independencia, se aceleró la colonización o migraciones y aumentó el número de familias que se incorporaron a esta “aventura” y fundaron las poblaciones de Aguadas, Salamina, Pacora y Neira.

Las avanzadas colonizadoras salían de pueblos de Antioquia, especialmente de Rionegro, Marinilla, El Retiro, San Vicente, La Ceja, Abejorral y Sonsón, las cuales sufrían numerosas penalidades. Debían cruzar caudaloso ríos sin puentes, entre ellos el Arma, el Chamberí, la Honda y el Tapias. La espesura de la selva impedía la penetración de los rayos del sol por lo que el suelo permanecía húmedo formando inmensos pantanos camuflados por la hojarasca llamados “tiembla tiembla” y que se convertían en trampas mortales. Además los colonos se encontraban con tigrillos y osos, con serpientes, zancudos y mosquitos, con avispas llamadas “quita calzón” que producía pánico, y con diferentes tipos de hormigas, entre ellas, las que hacían rondas para aprovisionarse de comida y ahuyentaban insectos, serpientes, micos y conejos y a cuantos animales grandes o pequeños encontraban a su paso.

Los colonos se movían por las riberas de ríos y quebradas y por el lomo de las montañas para orientarse y estudiar el paisaje. El terreno a colonizar debía poseer los siguientes elementos fundamentales: agua, madera (especialmente guadua y arboloco), árboles frutales y una rica fauna de animales comestibles. Pero además se procuraba que el sitio seleccionado tuviese buen clima, prefiriendo las tierras templadas o frías en lugar de las cálidas.. Como se puede deducir la aventura colonizadora era una empresa difícil razón por la cual se ponía en boca del colono el siguiente texto de Benicio Restrepo: “A un lado serpientes, alacranes, avispas, tarántulas, cientopiés, hormigas rondadoras, trasgos, y fantasmas, diablos y demonios, que aqui va un hombre con hambre”.

“Manizales, la Aldea, el Pueblo, la Ciudad”: Albeiro Valencia Llano:

PARTE II: LA FUNDACIÓN DE MANIZALES.

Desde 1846 los colonos vivían en Neira, pero sus parcelas estaban localizadas en numerosas fincas de Morro gacho; aquí producían artículos de subsistencia (maíz, frijol, plátano, yuca, gallinas y cerdos) y compraban en Neira y Salamina la ropa y las herramientas de trabajo. Por estos años los habitantes de Salamina y Neira tenían un complicado pleito con la empresa González-Salazar y Compañía que alegaba ser la propietaria de los terrenos que se extendían desde Salamina hasta el Río Chinchiná; los colonos confundieron el río Guacaica (entre Neira y Manizales) con el río Chinchiná y pensaron que si cruzaban el Guacaica se salían del territorio pretendido por dicha empresa.

Por estas razones los pobladores tomaron la determinación de fundar una población en Morro gacho, y el 6 de julio de 1848 realizaron la llamada “exploración de los veinte”, pues estaba integrada por este número de personas “principales”, propietarios de fincas, aunque también participaron algunos peones. La siguiente es la lista de estos exploradores, considerados los fundadores de Manizales: Antonio María Arango, Joaquín Arango, Victoriano Arango, Pedro Arango, José Pablo Arias, Silvio Buitrago, Antonio Ceballos, José Mía Correa, José Joaquín Echeverri, Nicolás Echeverri, Alejandro Echeverri, Esteban Escobar, Manuel María Grisales, Vicente Gil, Vicente Giraldo, Juan Antonio Gómez, Marcelino palacio, José María Pavas, Antonio Quintero y Benito Rodríguez.

La expedición salió de Sancancio o Rastrojos y se dirigió a lo que hoy se llama La Enea y Tesorito, estaban dispuesto a realizar la población en la Enea, en una explanada que encontraron, rozaron el monte, pero pensaron que este poblado quedaba por fuera del camino que de Neira conducía a Santa Rosa de Cabal y Cartago. Buscaron otro sitio en las Minitas, en la margen derecha de la quebrada Olivares, aquí rozaron el monte, trazaron la plaza y las calles , pero también abandonaron el sitio por quedar por fuera del camino Neira- Santa Rosa de Cabal. De aquí marcharon hacia la cuchilla de el Carretero en el camino para la Elvira, pero encontraron el lomo de la cuchilla estrecho, poco sólido y falto de agua, por lo que decidieron marchar hacia el punto donde hoy se encuentra la Plaza Bolívar.

El terreno señalado estaba bien ubicado como cruce de caminos y desde el punto de vista militar. , pero era propiedad de don Manunel María Grisales quien entregó el terreno para la fundación del poblado y para la repartición de lotes, a condición de que cada favorecido le pagara un peso sencillo por el solar que recibiera. Sobre esto escribió Grisales años más tarde, que el compromiso lo cumplió solamente don Ignacio Londoño y agrega que: “perdí así todo mmi trabajo de aperturas, desde el cementerio viejo hasta la catedral, debiendo tenerse en cuenta que en aquellos tiempos los víveres eran muy costosos, porque se traían a espalda desde Salamina y sudando la gota gorda, porque no había caminos”.

No se sabe la fecha exacta de la fundación del poblado porque no se hizo acta, además la fundación como tal duró varios días; pero de acuerdo con los protagonistas ocurrió en el mes de septiembre de 1848.

Durante este mes se limpió el terreno y se organizó la “roza de comunidad” o sea los cultivos de maíz y frijol para alimentarse posteriormente mientras continuaba la “limpia” del terreno. A continuación, se demarcó la plaza principal llamada Bolívar, se separó un lote para construir la iglesia y se repartieron los solares para los pobladores. Toda esa operación fue dirigida por Marcelino Palacio, Manuel María Grisales, Joaquín, Antonio María y Victoriano Arango, Nicolás, Joaquín y Alejandro Echeverri, Antonio Ceballos, Vicente Gil y José María Osorio, los cuales deben ser considerados como los más importantes fundadores de Manizales.

Se tuvieron en cuenta varios nombres para bautizar la nueva villa; Morrogacho, Guacaica, Palestina y Manizales; pero se impuso éste último por la abundancia de la piedra mani que es una roca granítica de color gris, abundante en los ríos de la región. Por la abundancia de esta piedra la gente decía que la zona era un gran manizales, región de muchos Manizales. Ante la constante reclamación de estas tierras por parte de la empresa Gonzalez-Salazar y Compañía, don Marcelino aceleró las gestiones para la creación del Distrito de Manizales, cuyo proyecto se presentó el 16 de septiembre de 1949 ante la Cámara Provincial de Antioquia, el 1 de octubre se dictó la Ordenanza de la creación y el 12 del mismo mes fue sancionada por el Gobernador Jorge Gutiérrez de Lara, y dice así:

Artículo 1:Se crea un distrito Parroquial denominado “Manizales”, cuyos límites serán como sigue: los que dividen la provincia de Antioquia de la del cauca por el Río Chinchiná hasta la Cordillera nevada del Páramo del Ruíz; esta cordillera hacia el norte hasta los nacimientos del Río Guacaica; éste baja hasta su desagüe en el Cauca, y éste arriba hasta la boca del Chinchiná; entendiéndose que el Chinchiná es aquel que queda al sur de la provincia y nace en lo más alto de la cordillera del Páramo del Ruíz.

Artículo 2: Será cabecera del nuevo distrito el lugar en donde se hallase actualmente el caserío y capilla de Manizales.

Después de esta Ordenanza fueron nombradas las primeras autoridades del municipio: Antonio Ceballos, primer alcalde; Antonio María Arango, cómo Juez y como Procurador Joaquín Arango; además se eligió el Cabildo (Concejo), el cual comenzó funciones el 1 de enero de 1850. Se iniciaba la administración municipal.

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